LA COMPLICIDAD DEL SILENCIO 🤐

Escribo en defensa del reino del hombre y su justicia. Pido la paz y la palabra. He dicho «silencio», «sombra», «vacío» etcétera. Digo «del hombre y su justicia», «océano pacífico», lo que me dejan. Pido la paz y la palabra. Me llamarán, nos llamarán a todos. Tú, y tú, y yo, nos turnaremos, en tornos de cristal, ante la muerte. Y te expondrán, nos expondremos todos a ser trizados ¡zas! por una bala. Bien lo sabéis. Vendrán por ti, por ti, por mí, por todos. Y también por ti. (Aquí no se salva ni dios. Lo asesinaron.) escrito está. Tu nombre está ya listo, temblando en un papel. Aquel que dice: abel, abel, abel… o yo, tú, él… pero tú, Sancho Pueblo, pronuncias anchas sílabas, permanentes palabras que no lleva el viento…

Blas de Otero, poeta social (poesía desarraigada), 
opositor a la dictadura franquista. Anheló y cantó la democracia durante 40 años.





Esto no va de colores. No tiene nada que ver con rojos o azules, verdes o morados. No. Trasciende de ellos. Y a la vez los implica y, debiera de involucrar, a todos.

Esto va de:

  • Igualdad 
  • Conciencia 
  • Valores 
  • Principios
  • Respecto 
  • Verdad 
  • Solidaridad 
  • Integridad 
  • Honor 
  • Honestidad 
  • Sentido común 
  • Sentido del deber 

Va del viejo y manido dicho. Aquello que “el que calla, otorga”, complace, comparte. Asevera. 

Antaño, cuando mandaba la ley del plomo, ese silencio opresivo era cómplice del desatino de una banda asesina. Por acción o por falta de ella. Un silencio que calaba en la sociedad vasca. En cada bloque de vecinos. Miraban para otro lado mientras el vecino, pongamos por caso un funcionario de prisiones, volaba por los aires al estallarle la bomba lapa que le colocaron mientras dormía… señalado por uno de sus vecinos, con el silencio cómplice de gran parte del resto.

Hoy otro silencio, no menos opresivo, nos domina y martiriza. Nos estigma en bandos: “Los hunos”, “los hotros” (permíteme el juego de la “h”). 

Craso error. Porque además coexistimos otras personas que no somos, ni queremos ser, “hunos” u “hotros”. Somos gente de principios, de valores, que queremos, y buscamos, el bien de todos… o, al menos, de la inmensa mayoría. Personas que queremos construir un mundo mejor. Sumando. Y que no destruyan siete votos el que ya tenemos (ese número es una cruel metáfora que muestra hasta dónde se puede llegar por erigirse en caudillo). 

Un mundo/país imperfecto. Y en esa imperfección radica su belleza. En una diversidad que nos une a todos, con nuestra particular idiosincrasia. Diferentes. Juntos. Bajo un mismo paraguas. El de la Constitución (también imperfecta, por supuesto, pero sabiamente planteada en su momento por aquellas personas que supieron mirar para adelante. Y perdonar). Con metas comunes que nos identifican y unen.

Por eso, parafraseando al vate vasco que encabeza esta entrada a mi particular Cuaderno de Bitácora, pido la paz, para seguir en paz. Pido la palabra, para alimentar de buenas intenciones y sentimientos los corazones oscurecidos por la ignorancia y el resentimiento. Paz, palabra y cordura. Una paz y palabra antaño en defensa de las libertades clausuradas por el franquismo. Hoy, en defensa de nuestros primigenios valores. Quiero seguir viviendo libre. Y que mis hijos y sus hijos lo sean. Continuar en un bello país que, entre todos, construimos.

Ahora me corroe el silencio cómplice de los apoltronados y de los fanáticos que nada ambicionan, corroídos, estos últimos, por la intransigencia y la irracionalidad. 

Cada uno, o casi, tiene su poltrona. Más o menos grande, a la altura de sus miras, aunque sea en humildes juntas vecinales. Y, una vez ahí, callan, otorgan y justifican lo injustificable con su silencio. Temerosos de que llegue a oídos del líder lo que realmente piensan. Y de ese líder, al otro y al otro, hasta que arrivar al caudillo último. Ignorantes de que el silencio es cómplice. Y mata libertades. Quien calla, otorga; justifica tácitamente todo lo que ése, ansiando ser el supremo, preconiza. Sea blanco hoy. O negro mañana.

“La mentira sigue siendo mentira aunque nos la hagan pasar por verdad quienes saben que es mentira. Palabra, coherencia, memoria y compromiso, ésta es mi Tierra Firme”. Palabras sabias, inteligentes, de un Carlos Alsina que nos muestra su Tierra Firme, la nuestra, la mía. Y, ¿la tuya también? O, ¿eres de los que callas y otorgas?

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